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PROPÓSITO DE FEBRERO

PON FRENO A LA PORNOGRAFÍA

Más allá de si es un sistema de educación sexual o una manera de satisfacer la curiosidad de los más jóvenes, lo que está claro, observado, estudiado y constatado es que el consumo de pornografía se inicia a los 8 años y se normaliza a los 14. Nos hacemos eco del último informe de Save The Children, para poner en la mesa un problema social más gordo de lo que imaginamos. ¿Pero en realidad es tan perjudicial consumir pornografía? Te damos 4 razones para que saques tus propias conclusiones.

 

ADICCIÓN. El consumo de pornografía genera adicción. Según el estudio el 93,9% de los adolescentes accede a contenidos pornográficos gratuitos a través del dispositivo móvil. Este consumo accidental, pasa a ser habitual a los 14 años, generando conductas de consumo abusivo que llevan, finalmente, a la adicción. El objetivo último de la pornografía es la excitación sexual que conlleva la liberación de la dopamina, un neurotransmisor que actúa sobre el sistema de deseo; la oxitocina, que estimula la parte del cerebro relacionada con el afecto y el amor; la serotonina, una hormona que ayuda a controlar las emociones, el estado anímico y la sensación de felicidad; la prolactina que produce somnolencia y relajación tras el orgasmo; y la noradrenalina, un neurotransmisor que acelera la sinapsis neuronal, o sea, el ritmo cardíaco.

 

ESTEREOTIPOS DE GÉNERO. Si la educación sexual se reduce al ámbito de la pornografía, las conductas sexuales alteradas serán una tónica en los próximos años. El fácil acceso a la pornografía constituye la principal fuente de conocimiento a la sexualidad por parte de los adolescentes. La industria pornográfica no solo fabrica entretenimiento, constituye una maquinaria para construir realidades. El espejo del porno no es neutral. En sus escenas se configura un modelo de belleza que va mas allá de un cuerpo físico voluminoso sino de roles y funciones. En las películas pornográficas el hombre cumple un papel agresivo, mientras que la mujer tiene que ser sumisa. Enseña que la mujer es apenas un objeto sexual, y que su fin es complacer a su pareja. Algunos estudios recientes relacionan el consumo de pornografía con prácticas como “la manada” en la que se erotiza el dolor y el sometimiento infringido a la mujer. La pornografía actúa como un efecto normalizador de la violencia contra la mujer.

 

PERJUDICIAL. Aunque el consumo de pornografía es habitual y está altamente normalizado son muchos los que desconocen que las secuelas de un consumo abusivo y normalizado van desde las disfunciones sexuales, especialmente en forma de incapacidad para conseguir erecciones o para alcanzar el orgasmo al mantener relaciones con otra persona, hasta síntomas depresivos, una menor calidad de vida y una salud mental más pobre. Los datos recabados por Pornhub, principal portal web de este tipo de contenido, revelan que el sexo convencional cada vez interesa menos a los consumidores, que lo sustituyen por temáticas como el incesto o la violencia.

 

PELIGROSA. La industria del cine para adultos, eufemismo de pornografía, ha empezado a denunciar las prácticas abusivas de las actrices que se ven sometidas, incluso a violaciones por sus compañeros. El lado oscuro de esta industria se ha llevado por delante a numerosas actrices fruto de adicciones necesarias para continuar en el negocio. Pero la peligrosidad no solo afecta al sector profesional.

La fármaco-pornografía es una nueva forma de adicción que combina drogas y porno en el mismo momento. Una vez traspasada la pantalla, la combinación de sexo con cocaína, marihuana y fármacos como el Viagra o parecidos (lo que se denomina chemsex, la abreviatura de chemical sex) hace disminuir la percepción de peligro y las prácticas de riesgo (como el sexo sin preservativo).

 

Más allá de si es un sistema de educación sexual o una manera de satisfacer la curiosidad de los más jóvenes, lo que está claro, observado, estudiado y constatado es que el consumo de pornografía se inicia a los 8 años y se normaliza a los 14. Nos hacemos eco del último informe de Save The Children, para poner en la mesa un problema social más gordo de lo que imaginamos. ¿Pero en realidad es tan perjudicial consumir pornografía? Te damos 4 razones para que saques tus propias conclusiones.

 

ADICCIÓN. El consumo de pornografía genera adicción. Según el estudio el 93,9% de los adolescentes accede a contenidos pornográficos gratuitos a través del dispositivo móvil. Este consumo accidental, pasa a ser habitual a los 14 años, generando conductas de consumo abusivo que llevan, finalmente, a la adicción. El objetivo último de la pornografía es la excitación sexual que conlleva la liberación de la dopamina, un neurotransmisor que actúa sobre el sistema de deseo; la oxitocina, que estimula la parte del cerebro relacionada con el afecto y el amor; la serotonina, una hormona que ayuda a controlar las emociones, el estado anímico y la sensación de felicidad; la prolactina que produce somnolencia y relajación tras el orgasmo; y la noradrenalina, un neurotransmisor que acelera la sinapsis neuronal, o sea, el ritmo cardíaco.

 

ESTEREOTIPOS DE GÉNERO. Si la educación sexual se reduce al ámbito de la pornografía, las conductas sexuales alteradas serán una tónica en los próximos años. El fácil acceso a la pornografía constituye la principal fuente de conocimiento a la sexualidad por parte de los adolescentes. La industria pornográfica no solo fabrica entretenimiento, constituye una maquinaria para construir realidades. El espejo del porno no es neutral. En sus escenas se configura un modelo de belleza que va mas allá de un cuerpo físico voluminoso sino de roles y funciones. En las películas pornográficas el hombre cumple un papel agresivo, mientras que la mujer tiene que ser sumisa. Enseña que la mujer es apenas un objeto sexual, y que su fin es complacer a su pareja. Algunos estudios recientes relacionan el consumo de pornografía con prácticas como “la manada” en la que se erotiza el dolor y el sometimiento infringido a la mujer. La pornografía actúa como un efecto normalizador de la violencia contra la mujer.

 

PERJUDICIAL. Aunque el consumo de pornografía es habitual y está altamente normalizado son muchos los que desconocen que las secuelas de un consumo abusivo y normalizado van desde las disfunciones sexuales, especialmente en forma de incapacidad para conseguir erecciones o para alcanzar el orgasmo al mantener relaciones con otra persona, hasta síntomas depresivos, una menor calidad de vida y una salud mental más pobre. Los datos recabados por Pornhub, principal portal web de este tipo de contenido, revelan que el sexo convencional cada vez interesa menos a los consumidores, que lo sustituyen por temáticas como el incesto o la violencia.

 

PELIGROSA. La industria del cine para adultos, eufemismo de pornografía, ha empezado a denunciar las prácticas abusivas de las actrices que se ven sometidas, incluso a violaciones por sus compañeros. El lado oscuro de esta industria se ha llevado por delante a numerosas actrices fruto de adicciones necesarias para continuar en el negocio. Pero la peligrosidad no solo afecta al sector profesional.

La fármaco-pornografía es una nueva forma de adicción que combina drogas y porno en el mismo momento. Una vez traspasada la pantalla, la combinación de sexo con cocaína, marihuana y fármacos como el Viagra o parecidos (lo que se denomina chemsex, la abreviatura de chemical sex) hace disminuir la percepción de peligro y las prácticas de riesgo (como el sexo sin preservativo).

 

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